Si no te conoces ¿cómo vas a quererte?



¿Cuánto miedo te da conocerte? En serio. ¿Crees que es un poco de mariposeo estomacal, un miedo asumible o directamente purito terror? A priori, podría pensarse que todos estamos más que dispuestos a lanzarnos al autoconocimiento. Si hay que conocer a alguien ¿a quién mejor que a nosotros mismos? La realidad no suele ser así…, ni un poquito.

Viene a ser más bien algo del tipo: “¿De verdad tenemos que hablar de “eso”? ¡Ay madre qué pereza! Y después ¿qué? ¿Esto cuándo tiempo hay que hacerlo?”.

Mirar dentro de nosotros nos da miedo a todos. Tememos no valer la pena, que lo que encontremos sea algo terrible, que haya demasiado dolor, miedo, tristeza, angustia, ira, incertidumbre… como para poder vivir con ello. Tenemos la fantasía de que, si no nos vemos, nadie lo hará. Creemos que, si algo duele, molesta o da susto lo mejor es no tocarlo y así podremos estar mejor. Consideramos que esa es la mejor opción, vaya a ser que abramos la cajita de Pandora y luego no tengamos ni idea de cómo cerrarla.

Mi propuesta es abrirla. Así como lo oyes. No de golpe, que no estamos para sustos. Más bien poco a poco. Hoy un poquito, el próximo mes otro poquito y así, a poquitos, ir encajando piezas en nuestro interior. Con tiempo suficiente como para procesar lo que vaya saliendo. 

Más que nada, porque no puedes huir de ti mismo y, tarde o temprano, vas a sentir que estás muy triste o muy angustiado o que ya no puedes más y vas a tener que hacerlo igual. Así que ¿para qué llevar las cosas al límite? Mejor ponernos manos a la obra e ir a por ello.

¿Es fácil? No, claramente. Si lo fuera, el planeta no estaría como está. Supone un esfuerzo, implica aceptar, para empezar, que no te conoces y las personas que hacen eso son unas valientes. Personalmente, comencé como a los veinte años en el Cuarto Camino, sé que lo que te cuento no es sencillo… ¿y? ¿debe serlo para animarte a ello? Es aquello que tiene un coste personal lo que genera cambios importantes en nuestro interior, lo que nos deja huella, lo que marca de verdad un antes y un después. Así cuando miramos atrás podemos decirnos “no, no era lo más sencillo del mundo y yo lo hice… yeahhhhhh”.

La mayoría, tenemos un personaje y llevamos años identificados con él, el clásico “yo soy así”. La verdad es que ese personaje es un tremendo y eficaz invento para sobrevivir, que ha venido genial, porque aquí estás leyendo (y para eso hace falta estar vivo), pero tú eres mucho más. Mucho, mucho más.

Nuestra personalidad se ha formado con el equivalente a pisar la cocina recién fregada. Me explico. Nosotros venimos con un potencial increíble, pisando fuerte. Y recibimos un montón de información que dice que tenemos que ir de puntillas porque no hacerlo, hace daño a los demás, porque si vas muy seguro es signo de prepotencia, porque sino no te van a querer, porque no eres lo que tu familia esperaba y mejor no llamar la atención, porque no pisas de la manera considerada correcta en este entorno, porque los que pisan fuerte se ven más y eso es peligroso… En fin, con mil ideas que hacen que no quieras darte cuenta de que tú has venido con un ser interno genuino y maravilloso del que te has olvidado.

Verlo tiene sus peligros, claro que sí. Al hacerlo, luego te da por hacer cambios, y todo cambio tiene un precio. Lo interesante es que, si no los haces, el precio suele ser tu vida, sin exagerar.

Y hacerlo, como hemos dicho, da miedo. Realmente es un temor para tener que hacer algo con lo que vemos. Puede que nos dé por poner límites, por desear un trabajo donde no contemos las horas, por divorciarnos, por dejar claro a la familia que hay cosas que no pueden seguir así, por mandar todo a la mierda, por ponernos primero, por amarnos.

Descubrirnos es iniciar una reconquista en la que vas recogiendo las piezas de quien eres y colocándolas en su lugar. El 95% de las personas creen que se conocen, la realidad estadística es que solo se conocen realmente entre el 10 y el 15%. Nos mentimos a nosotros mismos diciendo que estamos bien, que somos así, que nuestra vida “es normal”, que eso es lo que hay, procrastinándonos a nosotros mismos y, por tanto, a nuestra VIDA. Con mayúsculas sí, porque lo que hace la mayoría es sobrevivir, no VIVIR.

El autoconocimiento lleva al amor a uno mismo, a la compasión, da la oportunidad de sentirnos alineados con lo que somos y eso da mucha energía, mucha fuerza. Conocerse a uno mismo da claridad en todos los sentidos. A veces no nos damos cuenta de que al negar nuestros puntos débiles también negamos los fuertes. Sencillamente estamos anestesiados y dejamos de sentirnos.

Al conocernos, comienza un cierto baile de emociones donde sí sentimos dolor, y al tiempo la fuerza para atravesarlo. Cada vez que realizamos este ciclo de “dolor-atravesarlo-fuerza” nuestra autoestima va subiendo. Después de todo, somos unos valientes, estamos mirándonos dentro y aceptando lo que hay. Y, cada capa que quitamos, nos hace más amorosos con nosotros y con los demás. Nuestra capacidad de aceptación aumenta, sentimos que tenemos más que dar y somos capaces también de recibir.

Al comprendernos más a nosotros mismos se produce la bonita paradoja en la que entendemos mejor a los demás. La comprensión genera aceptación y la aceptación da paz interior. Como ves, es toda una inversión.

Con la práctica también aumenta la confianza y la creatividad, eres más capaz de tomar decisiones y de tener relaciones más honestas. Y si te equivocas sabes que es algo humano, que estadísticamente son cosas que pasan y que lo mejor es aprender de ello para no repetir lecciones.

Conoces más tus reacciones y, al hacerlo, puedes anticiparte a ti mismo y a las consecuencias de tus actos, de manera que tienes menos reactividad y más proactividad. Los que se conocen mejor se comunican mejor, tienen mejores relaciones y mejores trabajos. En definitiva, son más felices.

Tu ser genuino está dentro de ti, esperándote y deseando la oportunidad de manifestarse. Conocerte, más que cambiar, es ir quitando capas de creencias, de miedos e historias que no eres.

Si no te conoces no te puedes amar, si no te amas no te puedes respetar, si no te respetas no te puedes cuidar, si no te cuidas tu cuerpo y tu autoestima se resentirán. Empieza a conocerte, ¡te mereces esa atención! y nos lo debes a los demás, porque cuando te veas de corazón te permitirás brillar y eso es un regalo para todos.

Raquel Rús – www.raquelrus.es

Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.

raquelrus@hekay.es


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