Lección XII: Fenómenos Psíquicos



OBSESIÓN

A veces ocurre que las personas sensitivas, que ignoran las fuerzas psíquicas, atraen espíritus indeseados. Estas son enfermedades mentales que todos los Espiritistas deberían ser capaces de sanar.

Las personas que se quejan de las obsesiones normalmente ignoran las bases de la mediumnidad y piensan que han encontrado un nuevo juguete para pasar su tiempo. Juegan con un tema que debería ser abordado sagradamente y estudiado científicamente. Se asustan absurdamente y crean miedos imaginarios. Puede que esto sea lo correcto, ya que aprendemos a través de la experiencia.

Los espiritistas deben evitar que esta palabra con significado cargado, sea tan frecuentemente mal interpretada o utilizada por los ocultistas antiguos para explicar el mal debido a causas comunes. No obstante, es recomendable, especialmente para los sanadores, actuar como si hubiese realmente una entidad que desplazar, ya que las condiciones físicas y psíquicas están tan curiosamente entrelazadas que no podemos distinguir donde una empieza y donde la otra termina. Espiritistas experimentados, que saben lo difícil que es controlar al médium cuando se opone, se darán cuenta enseguida de lo improbable que es que se trate de una verdadera obsesión.

Para que esta ocurra, hay que considerar los guías de los médiums. Después tiene que haber por parte del espíritu una conexión áurica específica con un conocimiento especial para poder mantener un control continuo sobre el cuerpo físico. Aun así, como en la hipnosis, si el médium se resiste, no se puede efectuar el control. Por último, y no por esto el factor menos importante a considerar, está la debatida acción del subconsciente. Es improbable que todos estos factores aparezcan simultáneamente. Si esto ocurre, entonces lo que se teme como una maldición, solo necesita el entendimiento mediúmnico para ser transformado en una bendición divina.

Por lo tanto, las posesiones malignas se consideran casi imposibles en las comunidades civilizadas. Si están presentes todas las condiciones necesarias para que este control ocurra y con nuestra voluntad fallamos una y otra vez en producirlo, está claro que las posesiones maléficas son muy muy insólitas. Deben estar presentes todos los factores mencionados y además es esencial una motivación como el odio, la malicia o los celos para permitir al obseso que focalice sus pensamientos hacia la víctima.

En casos extremos, documentados en la Biblia, es necesario tener en cuenta la ignorancia del narrador acerca de las leyes naturales y las barbarías cometidas en esos tiempos. Entre las personas más civilizadas, la reacción espontánea del subconsciente acabaría con las actividades de la obsesión. Un control indeseado ocurre a veces a los médiums que se están desarrollando, pero unos minutos de conversación con el intruso, manifestando la insensatez de tal acción, es todo lo que se necesita para prevenir que se repita. Lo que a veces se considera una obsesión por los espíritus es en realidad una posesión por una idea dominante.

Esta fase psíquica, denominada idea dominante, que estudian especialmente los hipnotizadores, es conocida por la mayoría de los médicos. Afortunadamente, todas estas enfermedades son curables de alguna manera con tratamientos similares, con el resultado de que por el simple hecho que la enfermedad desaparece, los sanadores suelen creer que han expulsado al enemigo desencarnado. Lo que han hecho en realidad es restablecer el equilibrio nervioso en las mentes desequilibradas.

Los pacientes que sufren de un malfuncionamiento nervioso malinterpretan cada pequeña contractura de sus nervios y lo atribuyen a los ataques de amigos malignos. Con esta lección ofrecemos una suave introspección, que evita que sólo se centren en sí mismos y sus insignificantes problemas. La atención enfocada en insignificantes detalles, y las nimiedades son grotescamente magnificadas. Las obsesiones incluyen represiones, recelos, tendencias hereditarias y todas las cosas olvidadas del pasado y tienen que ser abordadas en todos los detalles. En estos casos, el principal enemigo que debemos combatir es la idea dominante.

Todas las actividades mentales o físicas que incluyen técnicas y enseñanzas psicoterapéuticas son útiles. El exceso de trabajo y las preocupaciones son causas frecuentes y deben ser eliminados. Nunca olvidéis que el sueño es el reparador natural más dulce y uno de los mejores factores curativos. En la cura hay que incluir las compañías agradables y las actividades al aire libre, como los baños templados, ejercicio regular pero ligero, y frotarse con una toalla húmeda y áspera por las mañanas y por las noches.

El 90% de las así llamadas obsesiones no son posesiones por parte de una mente desencarnada, pero son el resultado de un malentendido. Por ejemplo, las presiones sobre algunos nervios de la muñeca inducen espasmos de la mano. En la escritura automática, los temblores de las manos indican el deseo del espíritu de escribir.

Sabiendo esto, uno puede fácilmente confundir los síntomas causados por los movimientos intermitentes de los nervios con la acción de inteligencias exteriores. La asociación de ideas hace el resto. La simple observación confirmara rápidamente a la persona racional, que las pocas excepciones existentes, entre miles de investigaciones, demuestran claramente que se trata de una debilidad del individuo más que de una posesión por parte de una inteligencia desencarnada.

La obsesión es infrecuente, porque el control sobre el espíritu sólo puede existir cuando las facultades psíquicas y el aura del sensitivo se mezclan con las del espíritu que quiere tomar el control. Para que sea posible la obsesión, estas fuerzas deben de estar presentes en un cierto grado.

El amor profundo de una inteligencia desencarnada es considerado la mejor de las formas de guía angelical. Pero el gran amor entre dos amigos, uno en el cuerpo y el otro fuera, ignorantes de las leyes psíquicas, podría producir temporalmente una obsesión dada la intensa atención en si mismos hasta la exclusión de todos los demás pensamientos.

La mediumnidad es así de natural como el funcionamiento de los cinco sentidos. Realmente no desarrollamos los poderes psíquicos. Simplemente los descubrimos y aprendemos a utilizar nuestras capacidades latentes.

Si estáis seguros de que un espíritu está atrapado en el aura de vuestro cliente, sólo la enseñanza racional según unas directrices psíquicas puede curarlo. Tiene que aprender que puede controlar al espíritu como él es controlado. Su mente reacciona a ellos e inconscientemente los interioriza. Es como un instrumento de caña que reacciona a cualquier brisa. Si hay descontrol, hay disonancia; pero si dirigida correctamente, la armonía deleitara su alma. Explicadle su poder para resistirse e insistid sobre su capacidad de no poder ser controlado contra su voluntad. La recepción del pensamiento telepático es debido a su sensibilidad. Controlad todo emocionalismo e ideas equivocadas respetando los puntos de vista de los demás.

Es mucho mejor enseñar a vuestro cliente a hacerlo por si mismo, que hacerle creer que solo es posible hipnotizándolo. Remarcad la enseñanza de que nuestro ego controla el cuerpo automáticamente en todos momentos. Los intrusos sólo pueden entrar si dejamos las puertas abiertas. Enseñadle que necesita un esfuerzo positivo por parte de su voluntad para no pensar, como no puede acostarse antes de haberlo hecho.

La teología, que con su fe ciega incuestionable sustituye a la razón, aumenta enormemente los casos de espíritus que, en la ignorancia por así decir, obsesionan.
Al descubrir que en su imaginación no están en el cielo, muchas almas perdidas creen que se encuentran en la oscuridad para siempre. O, creyendo estar colmados todavía por el espíritu evangélico, reúnen a personas similares hipnotizadas en reuniones de resurrección y el resultado es una larga serie de individuos nerviosos que marcan el camino de todas las grandes reuniones resurreccioncitas.

Cuando la humanidad se dé cuenta de lo real que es el mundo de los espíritus, las obsesiones cesarán. En la tierra estamos envueltos por un cuerpo que oculta nuestras motivaciones reales y la consiguiente toma de acción. En el siguiente plano, pensar significa actuar, y en ese mundo espiritual somos y estamos rodeados por nuestra verdadera naturaleza. Podemos engañarnos a nosotros mismos, pero no podemos engañar a los que han despertado espiritualmente. La incomprensión desaparece. El amor no se puede ocultar ni el odio disfrazarse de amistad. La vanidad se muestra como un adorno cutre; el odio distorsiona las caras y las formas. El amor y la sabiduría se expresan a través de la belleza de la forma y los rasgos. Es en verdad una ley maravillosa, que hace que los pensamientos se expresen por sí mismos.

Cuando la obsesión es real, será necesario descubrir los motivos de las molestias. El conocimiento de la mediumnidad es esencial para la cura. Descubrir los motivos sugerirá el mejor camino hacia la cura. En la mayoría de los casos, se descubrirá que el espíritu ignora las leyes psíquicas, ya que, en algún momento, a través de un suceso desconocido, se ha apegado a un sensitivo, y siendo incapaz o asustado no lo deja ir, ya que teme volver a la oscuridad a la cual tiene un miedo no definido. Casi siempre, se descubrirá que es parte de un control subconsciente. El espíritu desconoce el hecho de que ha pasado a través de las puertas de la muerte, y está convencido de que está utilizando su propio cuerpo físico.

Cuando estéis tratando con un espíritu intruso, aseguradlo de que puede volver al lugar de donde procede si lo desea, y que sus guías no sólo lo asistirán, sino lo conducirán hacia la luz.

Os daréis cuenta de que la mayoría de las obsesiones no son malignas. La ignorancia es el mayor obstáculo. El principal enemigo que combatir es la memoria reiterada que reproduce las mismas condiciones una y otra vez. En vuestras oraciones tratad de esforzaros e imaginaos a vosotros mismos como un espíritu desencarnado trabajando con el subconsciente de vuestro paciente.

Esta forma de tratamiento da lugar a una especulación interesante para ver si hay más poder en el cuerpo psíquico o en el físico, o si al encontrarse espíritu con espíritu fuera de sus cuerpos son capaces de accionar más claramente las causas.

Marilyn and John Rossner
www.iiihs.org

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