Envejecer con mayor calidad de vida



El camino del ser humano, al igual como todo lo manifestado en el universo, es impermanente. En esa impermanencia comienza el nacimiento de un ser, pequeño, indefenso, con unas necesidades particulares y totalmente dependiente, sin la madre o alguien que lo cuide no podría subsistir. Seguido de un crecimiento, comienza el desarrollo que hemos denominado: niñez, pubertad, adolescencia, juventud, adultos, vejez y muerte. 

En todo este proceso de impermanencia podemos observar cómo el ser humano está conformado de un cuerpo físico, energético y mental- espiritual. Entendiendo esto durante el proceso de evolución no debemos de tratar estas partes de forma aislada, el físico tiene unas necesidades que cubrir, que van a influir en la parte energética y mental, las emociones van a surgir en todas las etapas de la vida y no por ello son de menor importancia. 

Podemos escuchar frases despectivas hacia los niños y hacia personas mayores como: “¡déjalos son niños, ya se les pasará!” o “¡es la vejez, sólo sabe quejarse!”. Si las emociones no se canalizan bien van a producir una somatización en el cuerpo físico, bloqueos mentales y depresión espiritual. 

Lo que sí queda claro es que el envejecimiento es un proceso natural que ocurre, y no surge de forma espontánea “a tal o cual edad caes”, sino que aparece de forma progresiva, y nos preguntamos ¿todos envejecemos de la misma manera? Tanto en el aspecto físico como en el energético y mental hay una gran variabilidad, intervienen muchos factores, como pueden ser situación geográfica donde se habita, montaña, mar, campo, ciudad, etc. Así́ como el tipo de trabajo, hábitos, herencias políticas y sociales, ética y moral, etc. 

Hay personas que, a pesar del paso del tiempo, son optimistas, robustas, tienen motivaciones altruistas, etc. Otras sin embargo se aíslan, viven en el pasado, sólo piensan en ellas mismas, caen en depresión. 

Todo depende de la consciencia que se genere, de la aceptación del estado de impermanencia. La edad está ahí́, claro que sí, y con ella, en muchos casos, distintos desequilibrios físicos como, dolor articular o fallos de sistemas, a nivel mental pérdida de memoria, etc. 

En este viaje que llamamos vida, aceptación no significa que decidamos sufrir y aislarnos cuando envejecemos, significa que aceptemos las posibilidades que tenemos y no miremos las que ya no tenemos. Se abren nuevas posibilidades, al igual que cuando teníamos 8 años nos subíamos a los tejados buscando la torre de nuestro castillo imaginario, cuando a los 13 dimos nuestro primer beso; a los 16 cogimos la primera borrachera e hicimos el amor en el asiento trasero de un coche. 

Conforme se va desarrollando la vida van surgiendo acontecimientos que después no ocurrirán. 

Si la consciencia está puesta en el ser como Uno, estamos cultivando la consciencia, cuidamos los tres cuerpos (físico, energético y mental) y recogemos energía de la naturaleza. 

La energía más potente es la del Sol, es la vibración de la que todos los seres manifestados estamos hechos. 

Desde Hiranyagarba apostamos por un ser consciente, un ser que evoluciona sin miedo, un ser coherente, un ser que se nutre de la naturaleza y vive de acuerdo con ella. 

Ponemos a tu disposición complementos alimenticios con la vibración del sol, y te aconsejamos que tomes el sol, por fuera y por dentro. Y, sobre todo, sé feliz a cualquier edad. 

Rosa Manzano
www.hiranyagarba.com


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