Conócete a tu mismo



Aunque pueda parecer paradójico, en nuestra mente conviven dos niveles. La mayor parte de los seres humanos pasan la vida en uno de esos niveles sin darse cuenta de la existencia del otro.

Y es que pasamos nuestra vida enfocados en los efectos de lo que ocurre, en lugar de ir a las causas, a la raíz de la experiencia de todo lo que ocurre, que soy yo mismo.

No sé exactamente por qué, pero parece que nos da pánico conocernos cómo quienes realmente somos, y nos resulta más entretenido distraernos con la película externa en lugar de lo que ocurre en nuestras vidas: cómo va mi trabajo, la política, mis relaciones, el tiempo, mi dinero, lo que hace el otro… Y no hay ningún problema en esto, salvo que corro el riesgo de olvidarme de quién soy y para qué estoy aquí.

Y sería una pena, porque el camino que conduce a la respuesta a esas preguntas es una pasada.

Creo que será más visual explicar esto con un ejemplo: imagina un pájaro, que está construyendo afanosamente su nido: busca los palitos, los coloca, y pasa todo el día sin parar de moverse y trabajar.

En el mismo árbol hay otro pájaro, que observa la actividad del primero con total tranquilidad y paz. Observa con curiosidad a su compañero, pero también está atento al resto de las cosas que están al alcance de su mirada, los árboles, la tierra, el cielo. No está especialmente apegado al otro pájaro, o a que suceda alguna cosa en especial, sino que está en contacto con algo más profundo, una presencia observadora y esa sensación de estar feliz por el simple hecho de existir.

La mayor parte de los seres humanos nos identificamos de tal manera con el primer pájaro, con las tareas que hay que hacer, lo que hay que conseguir, lo que no se debe hacer…, que nos olvidamos que también somos ese otro pájaro que es capaz de observar con desapego aquello que está ocurriendo, que no dice “tengo la esperanza de que suceda esto o temo que ocurra esto otro…” y sencillamente está atento y presente en aquello que va aconteciendo.

Al principio el primer pájaro está muy identificado con aquello que está haciendo: la construcción del nido. Pero tan pronto como es capaz de estar quieto y en silencio, se da cuenta de la existencia del segundo pájaro que, en realidad, es él mismo, pero en un nivel interno más profundo.

Cuando su mente se sintoniza con la de este segundo pájaro, las actividades que realiza pasan a ser más refinadas. Existe una sensación de integridad, de unidad.

Probablemente, ese trabajo siga teniendo lugar, pero ahora ya sin miedo, sin obsesión, sin necesidad de controlar las cosas. Sucede porque la vida hace que esta actividad ocurra, como si hubiese otra fuerza que estuviese ayudando a que las acciones se lleven a cabo sin esfuerzo. Hay una desidentificación de aquello que ocurre, que va acompañada de una gran paz y estabilidad.

Cuando empezamos a asumir la posición de ese segundo pájaro y nos paramos, nos tomamos el tiempo de estar con nosotros mismos y nos vamos regalamos a nosotros mismos espacios de silencio…, la conciencia de ese otro nivel de presencia sin esfuerzo en el que habita el segundo pájaro empieza a aparecer de manera muy clara en nuestra experiencia, aunque sea de manera ocasional.

Se hace muy obvio que hay ahí algo más profundo que no puede ser observado si no me “bajo” de mis actividades, de mis expectativas y de lo que yo llamo “mi” vida.

Si no me doy esa posibilidad de sencillamente sentarme y mirarme y conocerme, exactamente tal y como estoy en este momento, y más allá de mis pensamientos acerca de cómo me gustaría estar o sentirme. Te invito a ello:

¿Qué estás sintiendo ahora? ¿Puedes pararte a sentirlo por unos momentos? ¿Puedes hacer ese gesto interno de mirarte?

Incluso aunque no encuentres una palabra, presta sencillamente atención a la sensación de ser, de existir.

Párate un momento a hacerlo.

Puede que así, de entrada, te asuste, o que no quieras mirarlo mucho, o puede que te aporte paz, o indiferencia, pero en cualquier caso, es un espacio diferente al que estamos acostumbrados a movernos.

Si te tomas el tiempo de hacer esto (observarte) con frecuencia en tu experiencia, podrás constatar cómo existen esos dos niveles en tu mente, y podrás empezar a ver de manera muy clara los pensamientos que provocan tu identificación total con aquello que te ocurre y con aquello que tú crees que eres.

Y párate y míralos, es la única manera de poder empezar a transcenderlos. Porque lo que tú eres en lo profundo no se piensa, se siente, Es.

La práctica del mindfulness es un hermosísimo camino para conocerte a ti mismo, para profundizar en la conciencia profunda de lo que eres, más allá de tus pensamientos y, por supuesto, más allá de la manera concreta en la que tu vida ocurre en un momento dado, y que está en continuo cambio.

No hay estabilidad en las formas del mundo, en todo lo que veo ahí fuera, sólo existe el cambio continuo.

Sin embargo, existe otro espacio en mí que es profundamente estable. Un espacio en el que todo tiene cabida, todo es acogido y aceptado desde esa parte de mi mente que es humilde y que está abierta a aprender de la Vida, porque sabe que no sabe.

Pero para eso, primero he de conocer, mirar y soltar esa parte de mi mente que sí que cree que controla y que sabe mucho. Y no todo el mundo está abierto a esa pérdida de control, a soltar mis razones, mi “sentido común”, mis “así son las cosas”.

Sin embargo, sólo mediante esa mirada honesta, profunda, limpia, puedes empezar a conocerte como la presencia estable que realmente eres, y que no tiene problemas con nada de lo que acontece.

Empezarás a conocerte como pura vida, pura libertad, pura alegría, pura presencia, pura paz.

Y además verás con gran regocijo que eso que eres, siempre lo has sido, sólo que hasta entonces no podías verlo porque había demasiado ruido mental.

Tómate el tiempo de estar en silencio, de practicar, de conocerte. Tarde o temprano te verás, te descubrirás: y te darás cuenta de que ése regalo no era sólo para ti, sino que era para el mundo entero.

Y la belleza de ese descubrimiento no se puede explicar mediante palabras, pero sin duda, puede empezar a intuirse.

Maricarmen Pérez Díez
Instructora de mindfulness, terapeuta transpersonal, maestra de reiki
www.escueladeplenitud.com

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