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Salud natural

Tratar la depresión desde la Psicoterapia Integrativa

En mi artículo anterior “Comprender la depresión” alertaba sobre la incidencia alarmante que está teniendo la depresión, sobretodo en personas jóvenes, siendo esto algo inaudito, pues hasta bien entrado el siglo XX era considerada una dolencia de la edad madura. Lo que era anecdótico se ha convertido en una auténtica epidemia que, lejos de estar controlada, sigue extendiéndose como si de un agente infeccioso se tratara, por si fuera poco, los tratamientos convencionales a base de psicofármacos antidepresivos y de terapia cognitivo-conductual muestran una eficacia muy discreta: respecto a la modalidad de Depresión Mayor, se considera que un episodio suele tener una duración de 1-2 años, el porcentaje de recaídas de los trastornos depresivos a lo largo de la vida es ¡de hasta 75%! y un 15% tienen un curso crónico (Belloch, Sandín, Ramos, 2008).

Frente a este panorama, postulaba que quizás estos resultados tan negativos en el tratamiento de la depresión se deban a no tener en cuenta todos los factores que causan y mantienen la depresión, quedándose los tratamientos tradicionales en el maquillaje de los síntomas sin ir a las verdaderas causas del problema.

Antes de entrar de lleno en cómo realizo el abordaje de la depresión, me gustaría remitir al lector a mi artículo “Comprender la depresión” donde cito la necesidad de introducir, junto al proceso de psicoterapia, un programa de ejercicio físico adecuado a la edad y condición física de la persona, así como un adecuado balance de ácidos grasos omega tres, tal y como apuntan innumerables investigaciones científicas recogidas por el Dr. Servan-Schreiber (2003).

La manera en que entiendo la psicoterapia es integrativa y basada en mi experiencia directa: fue durante mi primer retiro de meditación zen, hace 9 años, que experimenté en mi propia piel y espontáneamente una fuerte liberación emocional que surgió desde el cuerpo y sin mediar ningún pensamiento ni acto de la voluntad consciente. La vivencia fue suficiente para darle un giro a mi vida, acabé mis estudios de Ciencias Ambientales y me puse a trabajar como técnico de medio ambiente, al mismo tiempo que empecé a estudiar psicología, realicé mi propio proceso de psicoterapia, comencé a formarme como psicoterapeuta e intenté buscar respuestas a lo que me había pasado.

Respecto a lo que escribo sobre mi manera de abordar la depresión, obviamente, es una generalización, necesaria para que el lector comprenda mi manera de trabajar, pero evidentemente cada persona es única y por supuesto cada tratamiento es único y personalizado. No obstante, aquí describo patrones comunes y formas de intervención que suelen ser generales para un buen número de casos de depresión.

En referencia a la psicoterapia que practico es integrativa, me centro en lo psicocorporal (muy influenciada por los trabajos de Wilhelm Reich y Alexander Lowen), con aspectos de la terapia Gestalt desarrollada por Fritz Perls así como del psicoanálisis (Sandor Ferenczi) y del moderno mindfulness.

Lo primero que me llama la atención de la persona deprimida es su falta de vida: una mirada sin brillo, un tono de voz quejumbroso y apagado, una postura corporal abatida, un caminar falto de gracia, etc. Normalmente, este lenguaje del cuerpo suele coincidir con lo que expresa la persona: falta de placer en lo cotidiano, las pequeñas cosas que antes enriquecían la vida ahora han perdido todo su significado y la persona se encuentra tragada por un agujero negro del que le resulta muy difícil salir, ya lo ha intentado todo… Respecto al porqué de esta falta de vida característica de la depresión, retornaré a ella más adelante.

Tras haber comprendido los eventos más importantes de la vida de esa persona y haber establecido una relación humana de calidad y, en la medida de lo posible, de corazón a corazón (condición esencial para que la psicoterapia sea efectiva) comienzo junto a la psicoterapia verbal con el trabajo psicocorporal. Suelo empezar pidiendo a la persona que respire hinchando tórax y abdomen simultáneamente y es que la respiración suele estar fuertemente inhibida en las personas deprimidas (sobre todo en la zona torácica), pues a menor respiración menor vitalidad y menos emociones sienten. El trabajo con la respiración suele movilizar intensos sentimientos de tristeza, impotencia y descargas mediante el llanto, es algo que el terapeuta debe saber manejar, la catarsis por la catarsis de nada suele servir, además si no se modulan las liberaciones emocionales de forma que puedan ser comprendidas e integradas por el paciente, se corre el riesgo de agravar la situación.

La razón por la que el paciente respira ínfimamente suele ser que los sentimientos que aparecieron en su campo de consciencia en un momento de su vida (generalmente en la primera infancia) eran tan dolorosos que disminuyó su respiración para sentirlos lo menos posible, además, conforme avanza el trabajo terapéutico se va viendo con claridad que en la primera infancia tuvo que hacer frente a situaciones de carencia afectiva (privación emocional por diversas causas como ignorar el llanto cuando de bebé lloraba, conflictos emocionales existentes entre los propios padres, o simplemente largas jornadas laborales de los padres que llegaban a casa exhaustos y con poca energía para dedicar a su hijo, etc..) y, frecuentemente, también se le prohibió la expresión de la legítima rabia y enfado que estaban en función de reclamar sus verdaderas necesidades.

El ignorar el llanto en la primera infancia (sobretodo antes de los dos años) así como castigar las típicas rabietas riegan la tierra de la depresión: el niño aprende que expresarse no sirve de nada, al contrario trae consecuencias muy negativas, de esta manera aprende a retener sus emociones pero esto no sale gratis, la rabia que originalmente salía hacia fuera y reclamaba satisfacer las necesidades del niño ahora está bloqueada dirigiéndose el impulso contra sí mismo (esto explica en parte las tendencias a la autoagresión que en depresiones graves pueden llevar al suicidio, así como la falta de autoestima y las autodescalificaciones y buena parte del diálogo mental negativo contra uno mismo), además, para pintar más feo el panorama, en el momento actual la persona deprimida o con tendencia a la depresión suele tener bloqueada la capacidad de percatarse de sus verdaderas necesidades y actuar (lo que en bioenergética se conoce como inhibiciones y bloqueos de los subimpulsos tierno y agresivo y en terapia Gestalt como interrupciones del Ciclo Gestáltico), de esta manera la persona al intentar satisfacer sus necesidades se inhibe o autoboicotea (por miedo, por vergüenza, por que literalmente se queda paralizado, etc.)

Llegados a este punto me gustaría aclarar que la terapia no consiste en montar un circo de pataleos, gritos y llantos. Aunque en la terapia psicocorporal se den momentos de pataleos, gritos y llantos, es imprescindible una visión amplia y el trabajo psicocorporal debe ir en paralelo con el respectivo trabajo analítico, algo que Alexander Lowen, el creador de la bioenergética, no se cansó de repetir. Respecto al trabajo verbal, analítico o psicoterapéutico, uno de sus objetivos principales es la integración: que la persona tome consciencia de sus emociones, sentimientos e impulsos negados, tanto en su vida diaria como en su relación con el psicoterapeuta y ver cómo estos afectos fueron generados en un momento dado en su historia personal, y cómo desde entonces los ha ido repitiendo de una u otra manera, o lo que en el lenguaje popular se conoce como tropezar siempre con la misma piedra.

Para esto utilizo muchos recursos e intento huir de la intelectualización, evitando que el lenguaje derive en verborrea o en una conversación de bar desconectada de los afectos: cuando veo una incongruencia entre el lenguaje corporal y el verbal la suelo señalar; cuando veo que se desvía del tema esencial, se lo comento y le pregunto dónde estaba y que estaba pensando y sintiendo; si veo que el bloqueo entre emoción y discurso verbal es significativo le pido a la persona que deje de hablar y que se pare un poco a respirar y sentirse, si esto no funciona pasamos a hacer algún ejercicio gestáltico o bioenergético para desbloquear la situación, etc.; todo esto sin descuidar en los casos necesarios las interpretaciones, la atención a las transferencias y el trabajo con los sueños. De esta manera, uniendo trabajo psicocorporal, gestáltico y analítico, y utilizándolos funcionalmente de acuerdo a las necesidades del momento y del paciente, cuento con un abanico amplio de recursos que me permiten hacer frente a los bloqueos e impasses que se suelen presentar en terapia.

Así, conforme avanza el tratamiento de la impotencia y la tristeza que aparecieron en primer lugar, van surgiendo sentimientos hostiles que reprimió y que, en muchos casos, sigue sin atreverse a expresar. Para manejar esto cabalmente, junto al trabajo analítico es imprescindible el trabajo psicocorporal que permite expresar los afectos, posibilitando que la energía vaya fluyendo más libremente a medida que se deshacen los bloqueos y nudos somáticos.

Cuando esto comienza a suceder ciertos fenómenos aparecen de inmediato: la mirada recupera su brillo natural, los movimientos de la persona pasan a ser más espontáneos, la piel recupera su brillo y la voz de la persona es mucho más contundente. El trabajo psicocorporal en esta fase varía de persona a persona, pero entre otros suele consistir en ejercicios de expresión: golpear el diván con los puños diciendo No o Yo, lo cual permite ir desbloqueando la voz, las contracciones de la cintura escapular, los hombros y el tórax; tumbado en el diván mover el cuello alternativamente hacia los lados diciendo no, esto ayuda a desbloquear la voz, las inhibiciones, las contracturas del cuello y la cintura escapular; de pie, en la posición de arraigo de la bioenergética lanzar los codos hacia atrás diciendo “vete” o “fuera”, lo cual permite abrir la zona del pecho, al mismo tiempo que reactiva impulsos hostiles largo tiempo reprimidos, posibilitando la descarga, a su debido tiempo, y dejando el terreno libre para la autoafirmación y la liberación de sentimientos amorosos.

Consolidar este proceso lleva su tiempo: en su día a día la persona comienza a poner límites que antes no se atrevió a poner, no se deja invadir, empieza a ver que sus verdaderas necesidades no siempre coinciden con las de los otros, etc. En resumen, se trata de recuperar la ternura y agresividad natural: ternura que nos permite estar en contacto con nosotros mismos, dándonos cuenta de lo que sentimos y necesitamos, y agresividad (que no violencia), que nos permite expresarnos libremente y actuar en el mundo responsablemente, sin manipular a los demás y haciéndonos cargo de satisfacer nuestras verdaderas necesidades. Esto frecuentemente suele activar las alarmas de algunos familiares y amigos del paciente pues en ciertos aspectos no reconocen la nueva manera de ser de la persona: junto con las cadenas de la depresión comienzan a cortarse antiguos lastres de maneras de ser no auténticas, que se mantenían por la necesidad de agradar o de no confrontar a los otros, pero que no obedecían a la auténtica naturaleza de la persona.

Así, la persona se va sosteniendo por sí misma, junto al trabajo descrito, también se le enseña a enraizarse firmemente en la realidad, mediante los ejercicios de enraizamiento, de toma de tierra y de “estar en el Hara” siguiendo los términos de Durkheim. Durante todo el proceso, el paciente, se habrá desprendido de ideas poco realistas sobre él mismo, los demás y el mundo, de forma que se encuentra más en contacto con lo real y con los pies bien plantados, esto evita muchas frustraciones y el correr detrás de fantasías.

Nótese que en ningún momento le pido al paciente que piense en positivo o que deje de pensar en negativo, el pensamiento es la punta del iceberg de la totalidad que es la persona y al trabajar a nivel profundo los frutos llegan naturalmente, por sí mismos.

De esta manera la nueva forma de ser de la persona va siendo cada vez más incompatible con la depresión: ha pasado a respirar óptimamente deshaciéndose de los principales conflictos emocionales que estaban enquistados en su organismo (física, psíquica y energéticamente), de esta manera va recuperando el contacto con sus instintos y no hay mayor fe y confianza que ésta, porque es algo que se siente, se percibe la energía fluyendo por la planta de los pies, los sentidos van recuperando su vitalidad, uno percibe la realidad más directamente de tal manera que, cada vez, uno se cuenta menos cuentos y tampoco se la dan con queso.

Fran Moreno
www.psicologofmoreno.es
Telf. 690 38 43 22

Tags : depresiónpsicoterapia

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