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Terapia Floral Evolutiva, la evolución de la consciencia

La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, información, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar.

Al contemplar la enfermedad como parte del proceso evolutivo del ser humano; como la noche en relación al sol, debemos aprender a traducir su lenguaje, su sentido profundo, para integrar nuestra relación con ella y así entender el valor de su expresión para disolver el desprecio por su existencia. De ahí que, más allá del remedio que se utilice, lo verdaderamente trascendente, sobre todo en el ámbito terapéutico, es la mirada del observador, en este caso del Terapeuta.  

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no se consideran entidades aisladas que hay que “extirpar”, son símbolos que, como campos de información, contienen un lenguaje que la parte negada del ser está intentando hacer visible en la consciencia de la persona, además de compensar y mantener el funcionamiento del sistema psíquico, a pesar de su aparente limitación. Por ello, actuar sobre los síntomas para eliminarlos, provocará en el sistema la necesidad de compensar su nueva inestabilidad a través de otra acción aparentemente “patológica”; con lo que la enfermedad cambiará de ubicación y quizás de nombre, aunque el origen del nuevo síntoma siga siendo el mismo desde el principio, el proceso evolutivo siga detenido y la información estancada por no haber sabido traducirla.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas, como representaciones simbólicas, deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas son parte; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

El alma dispone, en potencia, de todas las cualidades necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la “vida” traerá, como parte de su aprendizaje, en el desarrollo de su propia autoconsciencia. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, es el recurso más patente del que el alma dispone, para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida, que no estaban siendo reconocidas, por la mecánica y rutinaria forma de vivir que se había instalado en la conciencia, facilitando la actualización, en la consciencia, de las habilidades que, en potencia, se mantenían ocultas en el inconsciente.

Cada persona es una entidad completa, un alma, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad, son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en la nueva etapa de desarrollo que vive; en palabras de Edward Bach: “A lo largo de nuestra residencia en búsqueda de la perfección, hay varias etapas. Transmutar el interés propio en desinterés, el deseo en desapego, la separación en unidad, no se consigue en un momento, sino por una evolución gradual y estable, y llegamos a la maestría  a medida que progresamos etapa tras etapa. Algunas etapas pueden ser relativamente fáciles, otras sumamente difíciles, y es entonces cuando puede aparecer la enfermedad, porque es en aquellas ocasiones en las que no logramos seguir a nuestro Yo Espiritual, que surge el conflicto que produce la enfermedad.

El verdadero entendimiento de las cosas se logra a través de la experiencia y la reflexión consciente. Desde la Terapiafloral Evolutiva, como modelo de desarrollo que fomenta el libre pensamiento, la experiencia personal está ligada al autoconocimiento, proceso imprescindible para todo aquel que quiere entender el sentido de la vida en todas las manifestaciones individuales humanas, incluidas las etapas limitantes.

La Terapia Floral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona que se interna en su corpus; en un primer paso, a través de la aceptación de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo la traducción de cualquier síntoma que le aleje de la Paz, en información inteligible, que le permitirá saber más sobre sí mismo al transformar el síntoma en consciencia de sí, tras actualizar los modelos de pensamiento que sostenía por los que, por evolución, le corresponden ahora.

El síntoma, que puede ser un estado de enojo, irritabilidad o cualquier otra manifestación que, a veces, se da por natural en el temperamento o el carácter de las personas, es el producto de la infidelidad con uno mismo. La expresión natural del ser llega al ánimo como alegría, una disposición alegre y generosa con la vida y todas sus circunstancias. Cualquier negación, o reproche, de lo que acontece en nuestra vida, como proyección de la responsabilidad de nuestra existencia hacia el “mundo” o cualquier otro ser, incluido Dios, llevará a la personalidad a un estado sintomático que puede emerger como irritabilidad, por ejemplo. Así que no hablamos sólo de síntomas físicos, o patologías de orden sanitario, si no de expresiones comunes que se han integrado en la cotidianidad como “naturales” o del propio carácter de la persona.

Lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia, como hemos explicado ya, pues el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha “naturaleza” que introduzcamos en la salud.

La Terapiafloral Evolutiva, está diseñada, específicamente, para vivenciar el proceso de individuación que lleva a la personalidad a tomar consciencia de su dimensión trascendente como alma, mientras integra los contenidos teóricos que facilitarán la aplicación de esta experiencia, de manera práctica, tanto en el ámbito profesional como personal.

Luis Jiménez
www.centrolua.es

Tags : terapia floral evolutiva

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