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Kobido es y será la única opción antienvejecimiento más notable que tenemos a nuestra disposición, siendo este método completamente natural.

Está de moda hablar de Terapias Anti-aging o Antienvejecimiento para los profanos.

Mucho se habla de estas terapias sin explicar en el fondo como funcionan ninguna de ellas.

En el caso de Kobido no hace falta intuir o esperar durante tiempo para saber si ésta terapia única en el mundo hace efecto, sencillamente te levantas de la camilla y al lado de ésta hay un espejo maravilloso, que te devuelve una piel energetizada y jugosa que será la mejor prueba de que algo está pasando.

CULTIVAR LA ENERGIA

La medicina tradicional japonesa y china de la actualidad, es una suma de conocimientos ajenos que se fusionan para contribuir a un progresivo desarrollo.

Tanto las técnicas terapéuticas del Ayurveda y de la antigua Persia, por ejemplo, influenciaron enormemente los principios médicos del Tíbet.

Todas estas civilizaciones trasvasaban entre ellas información valiosa que, como era efectiva, la utilizarían.

En todos y cada uno de estos conocimientos siempre está una misma energía y esta energía es la que también existe en nuestro cuerpo en forma de canales energéticos.

¿Cómo tratamos en Kobido y guardamos la información?

Siempre, a lo largo de la historia han existido personas que han guardado y cuidado de una tradición. Maestros y guardianes de las formulas, en mi caso, se han depositado unos conocimientos que estuvieron durante 26 generaciones dentro de la misma familia.

Y es mi deber compartirlo con todas aquellas personas que lo necesiten.

Nuestro cuerpo contiene una serie de canales de energía que muchas veces están alterados. En Kobido se utilizan diversos canales para reestablecer la frecuencia correcta de energía, igual que la naturaleza vibra en una frecuencia alta, que siempre es la misma, y nosotros reconocemos inmediatamente; Kobido la reproduce.

En Kobido, una de sus fases principales es la vibración sin ella, el masaje facial japonés, carecería de ese alma.

Los tres tesoros que encontramos en nuestro cuerpo físico son:

  • La Esencia
  • La energía
  • El Espíritu

Y nos preguntamos: ¿cómo un sencillo masaje facial puede hablar de estos conceptos?

Pues, porque está basado en ellos.

En Kobido tratamos estas tres fases en una terapia completa.

En la fuente en que bebemos, el taoísmo, una de las practicas más antiguas fue la Alquimia, con la que no sólo se buscaba conseguir la inmortalidad física, sino también desarrollar capacidades espirituales.

El cuerpo humano, en el taoísmo, se considera que es un laboratorio en el que las tres energías tesoro, Jing, Qi y Shen tienen que ser cultivadas con el propósito de mejorar la salud física, emocional y psíquica.

Estos tres tesoros son los que cultiva Kobido, y no es sino después de la primera sesión, cuando nos damos cuenta que algo ha pasado que no conseguimos explicar.

En el antiguo Japón existe una práctica en la que hablamos del “Espíritu de las palabras” Koto-Dama. Ellos utilizan la vibración de las palabras, para equilibrar y energizar positivamente los Chakras.

En nuestro caso usamos la vibración energética del movimiento y del tacto. Una serie de movimientos sutiles y vibracionales, generados desde la mano del terapeuta, que envuelven el rostro de la persona que recibe el masaje.

A nivel físico, esta vibración poderosa, armoniza y equilibra los órganos que se encuentran reflexológicamente dispuestos en el rostro. Una mayor afluencia de oxigeno llega a esta parte del cuerpo e incrementa el flujo del Qi.

Si ya vuestro cuerpo físico se ve envuelto en esta vibración, imaginad vuestros cuerpos sutiles, la inundación que reciben.

Al ser el rostro y la cabeza el primer receptor de este tipo de vibración, vibrará el canal energético central entero.

Los tres centros, que en las culturas orientales se solapan en su denominación, son:

  1. el centro de la base de la columna vertebral, donde reside la energía de la materia.
  2. el corazón, donde reside la energía del alma.
  3. el centro de la cabeza (glándula pineal) donde reside la energía del espíritu.

Solamente cuando los centros están activos, se determina la fusión de estas energías (materia, alma y espíritu) en un sólo individuo.

Estos tres centros, que son los tres Tan Den taoístas, son los alambiques en los que se refina la energía, sin la cual no podríamos existir en este plano físico.

El refinamiento de ésta técnica, Kobido, a lo largo de los años, y la sutilidad de los movimientos de sus pases en la terapia, es la que nos conecta con toda esta parte etérica, que se armoniza.

La huella de que es lo que hemos trabajado en la terapia, queda impresa en el rostro, Kobido cultiva la energía que poseemos en una alquimia poderosísima que, a su vez, nos reequilibra y que, durante un periodo en el espacio-tiempo, nos permite ser parte del proceso alquímico.

Un periodo en un espacio tiempo que no podemos controlar, solamente nos unimos a él en comunión.

Una vuelta a la vibración de la naturaleza de amor incondicional, de la que nadie quiere despertar.

Natacha de Cortabitarte
Tefl. 667 297 936
kobido.original@gmail.com
www.masajefacialjapones.com

Tags : bellezaenvejecerkobido

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