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En este momento de culto y adoración al “momento presente”, conviene reflexionar y revisar en qué medida esto de situarse en el “presente” es del todo posible si uno arrastra carga del pasado sin resolver. El pasado es un lugar de memorias ancladas conscientes e inconscientes. Es el equipaje, “la mochila” que portamos cada uno en la espalda. Nuestra biografía emocional afecta e influye en nuestra vida, inevitablemente.

En este momento de culto y adoración al “momento presente”, conviene reflexionar y revisar en qué medida esto de situarse en el “presente” es del todo posible si uno arrastra carga del pasado sin resolver. El pasado es un lugar de memorias ancladas conscientes e inconscientes. Es el equipaje, “la mochila” que portamos cada uno en la espalda. Nuestra biografía emocional afecta e influye en nuestra vida, inevitablemente.

Tomar conciencia del propio pasado y del modo en que se imprimió en nosotros un determinado suceso con todas sus circunstancias, marcándonos en hechos presentes y futuros, es parte del camino del auto conocimiento.

No obstante, nuestro consciente es selectivo y tan sólo la punta del iceberg de ese 95% sumergido en el área más sepultada de nuestra mente. Por lo que acceder a recuerdos más profundos no es sencillo y más teniendo en cuenta que por pura supervivencia tendemos a “bloquear” o “mirar hacia otro lado allá donde duele” y enterramos aquellas experiencias que son demasiado dolorosas en los recónditos espacios del inconsciente.

Mediante la hipnosis regresiva es posible revivir aquellos momentos “traumáticos” que, a modo de bolsón energético, condicionan muchas de nuestras actitudes y comportamientos ante la vida.

“Mi reacción a lo que pasa no habla de lo que me pasa, habla de lo que pasó”

Sólo liberando dichas emociones y desbloqueando la memoria, es posible soltar el lastre, quedarse con el aprendizaje y desde la comprensión seguir avanzando sin interferencias emocionales ni patrones condicionados.

En realidad todas las respuestas están “ahí” almacenadas en el interior. Sólo restándole fuerza al consciente, y dándole permiso al inconsciente, se puede acceder a esas memorias. Así dicho, puede parecer algo muy fenoménico, especial, incluso “esotérico”. Y nada más lejos. Es muy natural.

Habitualmente, todos nos disociamos constantemente. Una parte de nosotros, está presente, y otra “viaja”, devanea, navega y divaga por otros lugares de pensamiento, entrando en otros estados de conciencia.

¿Cuántas veces uno no sabe cómo ha conducido los últimos 10 Km? ¿Cuántas veces se va tan decidido a por algo a la cocina y se encuentra allí sin saber bien cómo llegó y se pregunta eso de “a qué he venido yo hasta aquí….”?

Cada noche “dejamos” el cuerpo dormido, sintiéndonos a salvo, nos disponemos a entregarnos al sueño confiados, con la seguridad que al día siguiente despertaremos, entrando en relajación profunda. Y mientras lo hacemos, una parte nuestra, la física “duerme”, descansa biológicamente el cuerpo. Y otra se expande, desdoblándose.

Igualmente cuando meditamos, o “nos conectamos” de la manera que a cada uno le resulte más sencillo. Una parte nuestra puesta en “modo automático” permanece alerta o con cierto grado de consciencia. Si suena una alarma de incendios nuestro cerebro reptiliano da un brinco y nos hace saber que hay un riesgo y por tanto nos encajamos e ingresamos de manera inmediata en lo físico. Sin embargo, si conseguimos esa quietud, esa tranquilidad que sentimos en ese estado intermedio entre la vigilia y en el umbral próximo al sueño o mientras meditamos, por poner algunos ejemplos, otra parte de nosotros, “está en otro lado”. Así me gusta explicar, de manera muy sencilla, en qué consisten los estados ampliados de conciencia.

En ese estado de conciencia ampliado uno puede explorar, encontrar respuestas en el interior y alcanzar chispazos de comprensión. Entrenando ese estado uno cada vez se encuentra “más enchufado a la Fuente”.

Y eso es precisamente lo apasionante de la herramienta de la hipnosis regresiva. El terapeuta facilita y acompaña a que la persona encuentre sus propias respuestas, sosteniendo su mano, y ayudándole a atravesar tramos dificultosos y a encontrar claves de lucidez.

Cuando hablamos de “regresiones”, de manera espontánea y popular, se asocia con las regresiones a otras supuestas vidas. Sin embargo, la terapia regresiva acoge una amplia gama de competencias terapéuticas más allá del cotilleo cósmico al que se le da uso en ocasiones. Vivencias en el útero materno, en la temprana infancia, recuerdos “borrados” por el propio instinto de protección pueden aflorar en las sesiones dando sentido y explicación a muchas de las experiencias posteriores.

Revivir momentos de trauma supone para la persona una liberación, ya que se le permite soltar aquello que tenía en su campo energético retenido no siendo a veces ni consciente que así era. No sólo eso, además de dejar ir aquello que “duele”, se le brinda la oportunidad de COMPRENDER, de encontrar el hilo conductor asociado a otras vivencias reconociendo así el patrón repetitivo.

Y es que la vida, si no nos “enteramos”, una y otra vez, sitúa ante nosotros lo mismo. Disfrazado de algo nuevo, pero lo mismo. Otros personajes, otros escenarios, pero de raíz, “lo mismo”. Y así sucesivamente, hasta que un día COMPRENDEMOS. Ahí empieza el trabajo personal. Desde la consciencia.

La hipnosis regresiva permite explorar memorias y volver a vivenciarlas. Es el nexo común en cualquier terapia regresiva. Si bien hay muchos enfoques y líneas de acción. Según mi criterio, y habiendo bebido de muchas fuentes de formación, la ideal es aquella destinada a la COMPRENSIÓN. Para mí no es importante revivir el dolor, ni hacer pasar a la persona por el martirio del pasado, ya que aquello ya pasó y basta con “Observarlo”. Me interesa rescatar las claves del aprendizaje y que la persona las integre y le de utilidad en su momento presente. Es decir: Explorar, Revivir, Reparar y COMPRENDER.

El sólo hecho de comprender tiene una gran potencia sanadora, reduce el miedo, la ansiedad, la sensación de “no entender” por qué se actúa así. Otras veces “ilumina” aspectos no vistos de uno mismo. Y resulta muy revelador verlo desde ese otro estado expandido.

En el caso de acceso a otras memorias que remontan “más atrás” de la “vida presente” o esta vida donde tenemos puesto el foco de atención, más allá de las creencias de cada persona, la terapia es de utilidad porque deja que el inconsciente “se exprese”. A partir de ahí, cada cual que lo interprete a su manera. Da lo mismo que uno sienta que realmente vivió aquello siendo otro personaje encarnado, a que lo interprete como una metáfora del inconsciente que a modo de película recrea aquello que requiere y solicita ser atendido.

Todo lo que ocurre en nuestra vida está vinculado al inconsciente. Es la raíz matriz de nuestros procesos repetitivos del calibre que sean. En sentido positivo o menos positivo. Desmantelar desde la raíz estos procesos facilita la toma de conciencia y dispone a la persona a tomar medidas.

Cabe destacar que el trabajo personal depende de uno mismo, por lo que una vez “sacado a la luz” aquello que permanecía oculto, será la propia persona la que tome las riendas y decida o no, y permita o no, “ahora que sabe”, el cambio.

Mayla J. Escalera
www.sendadeluz.com
Terapeuta holística especializada en:

Desarrollo Transpersonal y Expansión de Conciencia.

Tags : hipnosishipnosis regresiva

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