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La ira tiene que ver con la debilidad que tenemos para llevar las cosas adelante amorosamente.
La ira es uno de los pecados capitales y el temor es quien nos lleva a caer en pecado.
El pecado seguirá vivo en la vida de las personas, presente en su obrar, mientras no se conozca la Ley de Dios de manera consciente.

Hay muchas personas que saben de los mandamientos y que han leído lo que se debe hacer, pero en el Universo hay una sola ley que es la de la compasión y a través de la compasión se vive amando a todo ser con respeto y disposición, acompañándolo a lo largo de su proceso evolutivo. Cuando uno vive de esa manera no tiene tiempo, ni le da cabida a que se presente ningún pecado, ningún defecto.

La ira tiene que ver con la debilidad que tenemos para llevar las cosas adelante amorosamente. Queremos imponer, nos resulta más fácil. La ira puede verse muchas veces acompañada de la pereza, tenemos pereza de dedicarle tiempo a construir y queremos que las cosas sean ya, entonces ponemos exigencias. No se trata de perder el control o la calma, o dejar de atender como corresponde lo que debe ser.

Si las cosas deben ser hechas con amor, con amor tengo que acompañar y debo controlar la ira.

La ira se presenta naturalmente, nosotros no la buscamos.

Vivimos en nuestra vida diaria distintas situaciones. Muchas veces nuestro andar nos conduce a alguna situación que desata la ira, porque reaccionamos ante aquello que nos parece injusto, incorrecto, inadecuado. Cuando esto sucede es difícil ponerle un control porque ya está manifestándose y nos tomó. Si uno está atento a poner amor en todo lo que está haciendo puede controlar su naturaleza. En algún momento podrá volver a presentarse, pero como la estoy observando puedo llegar a frenarla. A veces es tan fuerte que más allá de observarla no la puedo frenar y sale, pero lo hace más moderadamente porque la vi venir.

Hoy, la ira, se presenta muy frecuentemente en la vida de las personas porque hay mucha frustración. El temor es uno de los que puede estar asociado y traer de alguna manera la ira. El temor atrae problemas, esto es así.

Nosotros irradiamos lo que somos, cuando hay temor hay desconocimiento. A lo conocido no se le teme, se le teme a lo desconocido. Cuando hay desconocimiento hay una realidad que está siendo vivida en las tinieblas de la ignorancia, entonces esto atrae los problemas.

Con osadía se puede enfrentar el temor.

La verdad es que, teniendo temor, hasta a las cosas más simples resultan difíciles de llevar adelante y se reacciona ante eso por el temor que se tiene. Una persona que está dispuesta, que es osada, que tiene la intención de crecer a través de cada experiencia para ir incorporando luz, conocimiento, información, es una persona que no tiene tiempo de temer y que sabe que no tiene sentido dedicarle su tiempo a la ira, porque nada va a construir con eso.

Por temor no expresamos todo y tratamos de agradar, de mostrar a las demás personas lo mejor de nosotros o lo que quieren ver. Esta realidad de no ser sinceros muchas veces es temor, porque no queremos afrontarla. Entonces, el día en que tenemos que estar ante esa realidad de la que siempre huimos, para poder enfrentarla lo que nos resulta más fácil es la ira, porque nos hace sentir que tenemos la razón, por eso levantamos la voz y ponemos el cuerpo amenazando para que entiendan cómo son las cosas.

Todos los egos están relacionados.

Dependiendo de la situación, los egos colaboran entre sí para poder alcanzar el objetivo de sobrevivir, que es lo básico para seguir creciendo. Podemos tomar el caso de un niño que se está formando, si no lo ayudamos a manejar su carácter irascible, si no lo ayudamos a controlar su ira, con el tiempo se va a ir agravando, y ya no va a ser tan sólo hacia un compañerito o por un juguete, sino que por un punto de vista. Debemos ayudar a que controle esto, a que pueda verlo, a que se dé cuenta que lo daña y que daña a otros.

El poder entrar en contacto con los demás sin que nos afecte el ego depende de la atención que pongamos en sostener la luz por delante, y no creer que porque en nuestra cabeza está la luz del conocimiento encendida -porque de memoria nos aprendimos las enseñanzas- nuestra conducta cambiará.

Hay una realidad intelectual que es de una información que ingresa a través de la vista o del oído. Si uno la guarda como una verdad y reconoce que así es, inmediatamente tiene que ver si está poniendo en práctica lo que entiende. Porque sino la verdad no tiene sentido práctico y no trae beneficio a la propia vida, ni a la de los demás.

Debemos saber seleccionar la información que almacenamos y saber llevarla siempre como una lámpara por delante, que vaya alumbrando por donde vamos y debemos pisar. Que esa Luz del conocimiento se vuelque o se manifieste sobre el camino que tenemos que transitar.

Los egos son enredados y se asocian para conseguir lo que es su voluntad que es mantenerse vivos y en lo posible crecer, para ir ocupando cada vez más espacio de nuestra vida, de nuestros días.

Con siete notas musicales se componen infinita cantidad de melodías, con siete egos o pecados capitales se componen infinita cantidad de errores, esto sucede en la vida de cada uno de nosotros. ¿Cuánto más todavía si entramos en relación con las demás personas que están en la misma condición?

Daniel Ferminades
www.impulsodeunanuevavida.org

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