close

Una de las búsquedas más difíciles dentro de este juego, al que llamamos vida, es encontrar el perfecto equilibrio personal. Tendemos con demasiada frecuencia a sentenciar con frases del tipo: ¿Eres feliz? ¿Por qué eres infeliz?  La felicidad o infelicidad absoluta no existe. Categórico, ¿verdad?  Puede que tú lo veas de otro modo, pero desde mi perspectiva, nuestra vida está formada por momentos de todo tipo. Momentos de alegría y de tristeza, momentos de rabia y de paz personal, momentos de esperanza y desasosiego,… Y todos estos pedacitos forjan nuestra realidad personal.

No vivimos constantemente en el miedo, como tampoco lo hacemos en una exacerbada ilusión. Y del mismo modo, tampoco flotamos en una felicidad permanente o nos hundimos en un desánimo sempiterno. A lo largo de tu vida has experimentado todo esto en diferentes etapas, que sumadas, han creado quién eres actualmente. Tu pasado ha formado tu presente, del mismo modo que tu presente formará tu futuro. Y todo este cúmulo de experiencias y emociones equilibran tu vida. Imagínate que hubieras vivido en una burbuja de felicidad desde que naciste hasta ahora.

Seguramente no serías capaz de asimilar una situación dura o difícil por no haberla experimentado antes. Existiría un desequilibrio en tu interior que te impediría afrontar algo así y a la inversa, exactamente igual. No podrías aceptar algo bueno aunque te lo pusieran delante de tus narices. Sencillamente, no lo reconocerías como tal. Por eso, cada experiencia vivida nos enriquece. Ya sea positiva o negativa, forma los anticuerpos necesarios para tener una vida emocional plena que nos permita jugar a este juego con total garantía de éxito.

He escuchado muchas veces la frase: “El fracaso es la semilla del éxito”. Comprendo que para muchos que sientan su vida como un fracaso absoluto, puede resultar insultante escuchar algo así. Pero si analizamos bien el concepto, fracasar no es más que intentar algo y no conseguirlo en un período de tiempo que consideramos sensato. No nos paramos a pensar en qué hemos logrado durante todo ese tiempo. Tal vez el objetivo final haya quedado lejos pero durante la “lucha”, hemos vivido experiencias, conocido a personas y creado estructuras personales que de no haber sido por este “sueño incompleto”, no habríamos conocido.

Una de las finalidades de vivir es aprender. Aprendemos a medida que experimentamos y experimentar supone tomar decisiones. Cuando tomamos una decisión cuyo resultado no es el esperado, ¿es acaso fracasar? Es aprender y así podremos elegir de un modo diferente la próxima vez. Creo que el ser humano funciona a partir del concepto acierto-error pero para aprovechar bien la potencialidad de todo esto, debemos ser conscientes de cuándo estamos equivocados. Parece sencillo, ¿verdad?  Lo sería, a no ser por la asombrosa capacidad que todos tenemos para mentirnos a nosotros mismos y culpabilizar a los demás de los errores que cometemos. Aceptar que nos equivocamos es uno de los primeros pasos para poder llevar una vida en equilibrio y aprender.

Como vemos, encontrar el equilibrio no es tarea fácil. La propia vida nos muestra cómo funciona a través de la diversidad de experiencias que adquirimos con los años, pero está en nuestra mano verlo o no. ¿De verdad compensa tanto esfuerzo? Aquí os puedo hablar desde mi visión personal.

Durante gran parte de mi vida ni me planteaba nada de esto. Nunca llevé una vida equilibrada, al menos desde un punto de vista emocional y no era consciente de mis aciertos y mucho menos de mis errores. Aprender era un mero concepto que relacionaba con estudiar y poco más. Eso provocaba en mí una sensación de desasosiego permanente que no era capaz de explicar y, a pesar de llevar una vida cómoda socialmente hablando, mis saltos emocionales me hacían sentir en continuo fuera de juego. Una serie de circunstancias reventaron mi mundo y en ese momento tuve que decidir: o seguir el camino de siempre o, por el contrario, optar por una vía distinta y desconocida.

¿Lo fácil? Continuar igual. Evitas sorpresas, pero conociendo el resultado final  terminé por descartarlo. La segunda vía me asustaba. No sabía por dónde empezar y tampoco conocía dónde me llevaría, pero necesitaba probar algo diferente. No os engañaré. El camino del equilibrio personal es duro. Tienes que afrontar aspectos de ti que has intentado ocultar durante toda tu vida y sacarlos a la luz conlleva vergüenza y muchas lágrimas. Pero después del shock inicial, te liberas y terminas por aceptar aspectos de ti que detestabas transformándote, casi sin darte cuenta, en esa persona que debías ser desde un principio. En tu balanza interior percibes como el desnivel inicial se va contrarrestando poco a poco. Modificar los rasgos de ti que te restan no supone ningún trauma y prestas mucha más atención a los que suman y pueden ayudarte a vivir como realmente deseas vivir.

Vivir en perfecta armonía con uno mismo no implica ser un marciano, ni un bicho raro o un monje budista. Formas parte de un entorno social y no es excluyente. De hecho, cambiará tu enfoque. Apreciarás en los demás aspectos que antes te pasaban desapercibidos y aprenderás de ellos al igual que otros aprenderán de ti ya que ese cambio, te lo garantizo, no pasará desapercibido. Por algún extraño motivo, transmites paz, seguridad y buen rollo y estarás conmigo en que esos rasgos son muy valorados en cualquier entorno social. ¿Cómo empezar? Un primer paso es dejar de mentirte. Asumir que si tu vida no es la que deseas tiene sólo un único responsable: tú mismo.

Las circunstancias de tu vida no te definen. No te define tu trabajo, ni tus estudios. Tampoco te define el dinero que tengas en el banco. Son tus decisiones las que dicen quién eres y de poco sirve que hables de amor y compasión, por ejemplo, si no actúas en concordancia con tus palabras. En mi caso, cuando he de tomar una decisión sobre cualquier cosa, me hago la siguiente pregunta: ¿Te hace sentir bien esta elección? La respuesta es sintomática y no alberga dudas. Y si las hay…. no es el camino. Estar en armonía con uno mismo es un objetivo maravilloso al que todos deberíamos querer acceder en algún momento de nuestras vidas. Solo necesitas cambiar el chip. No es imposible. ¿Te atreves?

Oscar Manuel Montejo Rodríguez
Telf. 644 411 149
oscarmmontejo@yahoo.es
https://reflejas.blogspot.com

Tags : armoníaemociónemocionesequilibrio personal

Leave a Response